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      <note>
        <p>La revista No Podemos Callar fue realizada clandestinamente por un colectivo de cristianas y cristianos que se asumía “en constante nacimiento”. En razón de su fe e inspirados en un versículo de los Hechos de los Apóstoles, “no podemos callar lo que hemos visto y oído” (Hch 4, 20), el colectivo tuvo el coraje de arriesgar su propia vida para modular una voz política disidente y crear una plataforma donde esas voces pudieran manifestarse. El primer número de la revista expresa que la “simple proclamación explícita de la verdad, asumir sus riesgos pero también su eficacia liberadora es la tarea de NO PODEMOS CALLAR”. Aunque fue conocida la participación del sacerdote jesuita José Aldunate Lyon como editor de la revista, en su inmensa mayoría los integrantes de  No Podemos Callar siguen siendo desconocidos hasta el día de hoy</p>
      </note>
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    <odd type="publicationStatus">
      <p>Publicado</p>
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      <p>El fondo Iglesias y Dictadura se enfoca en curar los archivos que dan cuenta de la participación de las iglesias durante la dictadura militar chilena (1973-1990) con el fin de permitir su conservación, su investigación y el acceso por parte del público interesado. El fondo no está circunscrito únicamente a la Iglesia Católica, sino que tiene por objetivo conservar toda documentación de actividades y reflexiones realizada por autoridades, miembros y asociaciones provenientes de diversas confesiones religiosas chilenas.</p>
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      <name role="Creador" id="atom_995933_actor">Colectivo No Podemos Callar</name>
      <name role="subject">Aldunate, José, S.J</name>
      <name role="subject">Movimiento Contra la Tortura  Sebastián Acevedo (Chile)</name>
      <name role="subject">Vicaría de la Solidaridad (Santiago, Chile)</name>
      <subject>Dictadura (Chile)</subject>
      <subject>Constitución política</subject>
      <subject>Iglesia Católica</subject>
      <subject>Teología de la liberación</subject>
      <subject>Derechos laborales</subject>
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            <p>La revista No Podemos Callar fue realizada clandestinamente por un colectivo de cristianas y cristianos que se asumía “en constante nacimiento”. En razón de su fe e inspirados en un versículo de los Hechos de los Apóstoles, “no podemos callar lo que hemos visto y oído” (Hch 4, 20), el colectivo tuvo el coraje de arriesgar su propia vida para modular una voz política disidente y crear una plataforma donde esas voces pudieran manifestarse. El primer número de la revista expresa que la “simple proclamación explícita de la verdad, asumir sus riesgos pero también su eficacia liberadora es la tarea de NO PODEMOS CALLAR”. Aunque fue conocida la participación del sacerdote jesuita José Aldunate Lyon como editor de la revista, en su inmensa mayoría los integrantes de  No Podemos Callar siguen siendo desconocidos hasta el día de hoy</p>
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          <p>Publicado</p>
        </odd>
        <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
          <p>El boletín clandestino No Podemos Callar fue editado entre septiembre de 1975 y enero de 1981. En sus páginas se encuentran denuncias tempranas sobre violaciones a los Derechos Humanos sufridas por miles de chilenas y chilenos, reflexiones acerca de la implementación de las políticas neoliberales por parte de la Dictadura, debates acerca del modo cómo la Iglesia Católica debía conducirse en estas circunstancias y las contingencias que hacían el día a día de esos años oscuros. De una manera informada y cuidadosa en sus formas, No Podemos Callar constituyó una intervención pública cristiana que se enfrentó políticamente a la dictadura en un momento en que las posibilidades para las expresiones disidentes habían sido casi completamente canceladas. Con esta intervención el colectivo que sostuvo la revista fue forjando una actitud crítica que, dispuesta a arriesgar su vida cuando se atentaba contra la dignidad humana, se desplegó como si fuera una razón pública religiosa. Los ejemplares de la revista, por un lado, dan cuenta de la circulación de información sobre los crímenes de lesa humanidad –muchas veces supuestos como invisibles y negados de forma contumaz- y de una reflexión temprana acerca de las enormes transformaciones que experimentaba la sociedad chilena del periodo. Por otro lado, son testimonio de la insistente porfía con que un puñado de cristianas y cristianos buscaron incidir en una esfera pública que aunque opacada, seguía existiendo como un espacio de acción política y reflexividad.</p>
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            <note>
              <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
            </note>
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              <unittitle encodinganalog="3.1.2">No podemos callar: número  1</unittitle>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Publicado</p>
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              <subject>Violación de los derechos humanos</subject>
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              <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <subject>Economía</subject>
              <subject>Violación de los derechos humanos</subject>
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              <p>Editorial: Seguridad nacional y derechos humanos.</p>
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              <subject>Doctrina de Seguridad Nacional</subject>
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              <subject>Investigación de Violación de Los Derechos Humanos</subject>
              <subject>Episcopado (Chile)</subject>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <subject>Fuerzas Armadas  (Chile)</subject>
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              <unittitle encodinganalog="3.1.2">No podemos callar: número 7</unittitle>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Editorial: Las fuerzas armadas y la defensa, por Jean Legres</p>
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              <unittitle encodinganalog="3.1.2">No podemos callar: número 9</unittitle>
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              <subject>Desarrollo económico y social</subject>
              <subject>Política económica</subject>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Editorial: El episcopado paraguayo llama a las cosas por su nombre.</p>
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              <subject>Episcopado (América latina)</subject>
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              <subject>Mantenimiento de la paz</subject>
              <subject>Violación de los derechos humanos</subject>
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              <unittitle encodinganalog="3.1.2">No podemos callar: número 11</unittitle>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <name role="Creador" id="atom_969998_actor">Aldunate, José, S.J </name>
              <subject>Política económica</subject>
              <subject>Propiedad de la tierra</subject>
              <subject>Trabajador agrícola</subject>
              <subject>Reforma agraria</subject>
              <subject>Población rural</subject>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
              </note>
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              <p>Publicado</p>
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              <p>Editorial: Reflexión de aniversario.</p>
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              <subject>Violación de los derechos humanos</subject>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Publicado</p>
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              <p>Editorial: La cárcel está afuera.</p>
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              <name role="Creador" id="atom_970032_actor">Aldunate, José, S.J </name>
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              <subject>Represión</subject>
              <subject>Presos políticos (Chile)</subject>
              <subject>Prisión</subject>
              <subject>Campo de concentración</subject>
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              <unittitle encodinganalog="3.1.2">No podemos callar: número 15</unittitle>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Editorial: ¿Epílogo para los desaparecidos? Habla el Obispo Jorge Hourton.</p>
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              <name role="Creador" id="atom_970042_actor">Aldunate, José, S.J </name>
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              <subject>Violación de los derechos humanos</subject>
              <subject>Detenidos desaparecidos</subject>
              <subject>Familiares de detenidos desaparecidos</subject>
              <subject>Investigación judicial</subject>
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              <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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            <name role="Creador" id="atom_969775_actor">Aldunate, José, S.J </name>
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              <unittitle encodinganalog="3.1.2">No podemos callar: número 16</unittitle>
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        1 revista, 8 páginas    </physdesc>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Editorial: ¿Por qué admirarse? - ¡si Chile ya no es Chile!</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Editorial: 1° de mayo, tres celebraciones.</p>
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              <p>Editorial: La Iglesia ¿Es libre hoy día en Chile para anunciar su Mensaje de liberación?</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Editorial: ¿Empresa privada, injusticia y represión?</p>
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              <name role="Creador" id="atom_970118_actor">Aldunate, José, S.J </name>
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              <subject>Dictadura (Chile)</subject>
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              <geogname>El Salvador</geogname>
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              <unittitle encodinganalog="3.1.2">No podemos callar: número 23</unittitle>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Editorial: Al cumplirse cuatro años: ¿Qué perspectivas de futuro tenemos?</p>
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              <name role="Creador" id="atom_970131_actor">Aldunate, José, S.J </name>
              <subject>Dictadura (Chile)</subject>
              <subject>Doctrina de Seguridad Nacional</subject>
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              <subject>Garantías constitucionales</subject>
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              <unittitle encodinganalog="3.1.2">No podemos callar: número 24</unittitle>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
              </note>
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            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
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              <p>Editorial: El discurso de Pinochet del día 11. Un mensaje sin mensaje.</p>
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              <name role="Creador" id="atom_970137_actor">Aldunate, José, S.J </name>
              <subject>Dictadura (Chile)</subject>
              <subject>Doctrina de Seguridad Nacional</subject>
              <subject>Estado de excepción</subject>
              <subject>Constitución política</subject>
              <subject>Crisis económica</subject>
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              <unittitle encodinganalog="3.1.2">No podemos callar: número 25</unittitle>
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              <p>Publicado</p>
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              <subject>Paz</subject>
              <subject>Comunidades de base</subject>
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              <subject>Iglesia Católica</subject>
              <subject>Dictadura (Chile)</subject>
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              <unittitle encodinganalog="3.1.2">No podemos callar: número 26</unittitle>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <name role="Creador" id="atom_970166_actor">Aldunate, José, S.J </name>
              <subject>Libertad de información</subject>
              <subject>Manipulación de la información</subject>
              <subject>Censura</subject>
              <subject>Doctrina de Seguridad Nacional</subject>
              <subject>Constitución política</subject>
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              <unittitle encodinganalog="3.1.2">No podemos callar: número 27</unittitle>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Editorial: Los alcances de la miseria.</p>
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              <name role="Creador" id="atom_970182_actor">Aldunate, José, S.J </name>
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              <subject>Desempleo</subject>
              <subject>Extrema pobreza</subject>
              <subject>Desigualdad económica</subject>
              <subject>Distribución del ingreso</subject>
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              <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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            <name role="Creador" id="atom_969778_actor">Aldunate, José, S.J </name>
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              <unittitle encodinganalog="3.1.2">No podemos callar: número 28</unittitle>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <subject>Doctrina de Seguridad Nacional</subject>
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              <subject>Violación de los derechos humanos</subject>
              <geogname>América Latina</geogname>
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              <unittitle encodinganalog="3.1.2">No podemos callar: número 30</unittitle>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Editorial: Hora histórica.</p>
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              <subject>Ejecutado político</subject>
              <geogname>América Latina</geogname>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <subject>Trabajo y trabajadores</subject>
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              <geogname>América Latina</geogname>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <subject>Represión</subject>
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              <subject>Extrema pobreza</subject>
              <subject>Desigualdad económica</subject>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Editorial: La nueva institucionalidad legalismo más represión.</p>
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              <subject>Suspensión de las garantías constitucionales</subject>
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              <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <unittitle encodinganalog="3.1.2">No podemos callar: número 37</unittitle>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <subject>Investigación judicial</subject>
              <subject>Organismo de seguridad</subject>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Editorial. Desobedecer: lecciones de un 1° de Mayo.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <subject>Policía secreta</subject>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <subject>Conflicto armado</subject>
              <subject>Guerrilla</subject>
              <geogname>Nicaragua</geogname>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
              </note>
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              <p>Publicado</p>
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              <p>Editorial. Septiembre de 1979. Se cumplen 6 años de dictadura.</p>
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              <subject>Ordenamiento jurídico</subject>
              <subject>Constitución política</subject>
              <subject>Violación de los derechos humanos</subject>
              <subject>Organismo de seguridad</subject>
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              <unittitle encodinganalog="3.1.2">No podemos callar: número 44</unittitle>
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        1 revista, 10 páginas    </physdesc>
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                <corpname>Archivo Institucional Universidad Alberto Hurtado</corpname>
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                  <addressline>Almirante Barroso 10</addressline>
                  <addressline>Santiago</addressline>
                  <addressline>Metropolitana</addressline>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <name role="Creador" id="atom_970393_actor">Aldunate, José, S.J </name>
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              <subject>Detenidos desaparecidos</subject>
              <subject>Eliminación de cadáveres</subject>
              <subject>Familiares de detenidos desaparecidos</subject>
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                  <addressline>Teléfono:228897485</addressline>
                  <addressline>Correo electrónico:archivo@uahurtado.cl</addressline>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Editorial. Chile, solo y empantanado. La incapacidad radical del régimen.</p>
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              <subject>Dictadura (Chile)</subject>
              <subject>Relaciones internacionales</subject>
              <subject>Política exterior</subject>
              <geogname>América Latina</geogname>
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              <unittitle encodinganalog="3.1.2">No podemos callar: número 46</unittitle>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
              </note>
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              <name role="subject">Chile. Corte Suprema</name>
              <subject>Justicia</subject>
              <subject>Denegación de justicia</subject>
              <subject>Violación de los derechos humanos</subject>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <name role="subject">Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (3a : 1979 : Puebla, México)</name>
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              <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <note>
                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
              </note>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <subject>Violación de los derechos humanos</subject>
              <subject>Episcopado (Chile)</subject>
              <subject>Doctrina social de la iglesia</subject>
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          <note>
            <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
          </note>
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        <odd type="publicationStatus">
          <p>Publicado</p>
        </odd>
        <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
          <p>La revista Policarpo surgió como una continuación de otra publicación clandestina llamada "No Podemos Callar", de la cual también fue responsable el Padre José Aldunate, S.J. Debido a la persecución de los organismos de seguridad durante la dictadura militar en Chile, "No Podemos Callar" tuvo que cambiar su nombre a "Policarpo" para poder seguir circulando y denunciando las violaciones a los derechos humanos y la situación social del país.<lb/>Policarpo se convirtió en una voz valiente y crítica en tiempos difíciles. A través de sus páginas, se ofrecían análisis, denuncias y opiniones desde una perspectiva católica comprometida con la justicia social y la defensa de los más vulnerables. La revista jugó un papel significativo en mantener viva la conciencia crítica y en articular la oposición a la dictadura desde los espacios eclesiales.<lb/>El Padre José Aldunate, S.J., con su incansable labor y compromiso con los derechos humanos, fue una figura clave detrás de esta importante publicación. Su liderazgo permitió que Policarpo se mantuviera como un faro de esperanza y resistencia durante esos años oscuros.<lb/>Hoy en día, la revista Policarpo es recordada como un símbolo de la lucha por la verdad y la justicia en Chile. Incluso se han realizado investigaciones y publicaciones recientes que buscan rescatar y analizar el contenido de esta valiosa fuente histórica.</p>
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          <name role="Creador" id="atom_969790_actor">Aldunate, José, S.J </name>
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            <note>
              <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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            <p>Publicado</p>
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            <name role="Creador" id="atom_969807_actor">Aldunate, José, S.J </name>
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              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Policarpo : año 1 número 1</unittitle>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <subject>Garantías constitucionales</subject>
              <subject>Comunidades de base</subject>
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                <corpname>Archivo Institucional Universidad Alberto Hurtado</corpname>
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                  <addressline>Almirante Barroso 10</addressline>
                  <addressline>Santiago</addressline>
                  <addressline>Metropolitana</addressline>
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                  <addressline>Teléfono:228897485</addressline>
                  <addressline>Correo electrónico:archivo@uahurtado.cl</addressline>
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              <p>Editorial: Comunidades cristianas populares ¿Cuál es el rostro que la Iglesia va mostrando en ellas?</p>
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        1 revista, 12 páginas    </physdesc>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <subject>Trabajadores</subject>
              <subject>Desarrollo económico y social</subject>
              <subject>Doctrina social de la iglesia</subject>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                  <addressline>Almirante Barroso 10</addressline>
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              <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Editorial: El 1ero de Mayo.</p>
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              <note>
                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <name role="subject">Alvear Urrutia, Enrique</name>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                  <addressline>Teléfono:228897485</addressline>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <subject>Mantenimiento de la paz</subject>
              <subject>Violencia Política (Chile)</subject>
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        1 revista, 17 páginas    </physdesc>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Editorial: “Que la CNI me devuelva a mis dos hijos”.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Policarpo : año 6 número 2</unittitle>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <subject>Reconciliación</subject>
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              <subject>Violación de los derechos humanos</subject>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <subject>Desempleo</subject>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <subject>Transición a la democracia</subject>
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              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Policarpo : año 8 número 67</unittitle>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <name role="Creador" id="atom_971725_actor">Aldunate, José, S.J </name>
              <name role="subject">Chile. Iglesia Catolica</name>
              <subject>Comunidades de base</subject>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <subject>Transición a la democracia</subject>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <subject>Dictadura (Chile)</subject>
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                <addressline>Teléfono:228897485</addressline>
                <addressline>Correo electrónico:archivo@uahurtado.cl</addressline>
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              <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Editorial: Chile se democratiza: Ahora le toca a la iglesia.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <subject>Ejecutados políticos</subject>
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              <subject>Impunidad</subject>
              <subject>Investigación judicial</subject>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <subject>Justicia</subject>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <name role="subject">Chile. Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación</name>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <addressline>Chile</addressline>
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                <addressline>Teléfono:228897485</addressline>
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              <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <subject>Desigualdad económica</subject>
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              <subject>Política económica</subject>
              <subject>Pobreza</subject>
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              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Policarpo : año 13 número 97</unittitle>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <subject>Corte Suprema de Justicia</subject>
              <subject>Investigación judicial</subject>
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              <subject>Fuerzas Armadas  (Chile)</subject>
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              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Policarpo : año 13 número 98</unittitle>
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                <p>Jugaba rugby como muchos de los estudiantes del exclusivo colegio jesuita Stonyhurst College en Inglaterra. José Aldunate, hijo de Carlos Aldunate y Adriana Lyon, nació el 5 de junio de 1917 en una familia de la aristocracia chilena. Su abuelo paterno, Carlos Aldunate, era miembro del partido conservador; mientras que su abuelo materno, Thomas Lyon, vivía en la gran casona que hoy es la embajada Argentina. Al regresar a Chile, José Aldunate ingresó al Colegio San Ignacio. En los retiros espirituales ofrecidos allí decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Carlos, e ingresar a la Compañía de Jesús.<lb/>En marzo de 1933, inició su etapa como novicio jesuita en Chillán, continuando luego sus estudios de teología en Argentina. Se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1946 en Buenos Aires. Viajó a Roma para estudiar teología moral en la Universidad Gregoriana y luego a Lovaina, en cuyo universidad obtuvo el grado de Doctor en teología.<lb/>A su regreso a Chile, su primera tarea fue acompañar al padre Alberto Hurtado en su trabajo con los trabajadores que participaban en la Asociación Sindical Chilena (ASICH). En paralelo ejerció como profesor de moral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el tiempo asumió distintas responsabilidades en la provincia chilena de la Compañía de Jesús. Fue maestro de novicios, director de la revista Mensaje y Provincial. Los años 60 están marcados por cambios profundos en la Iglesia Católica. Fue el tiempo del Concilio Vaticano II y, en Latinoamérica, de la conferencia episcopal de Medellín. José Aldunate vivió este tiempo como un despertar de una nueva conciencia de la iglesia en Latinoamérica, más cercana a los pobres, a los excluidos y a quienes sufren injusticias.<lb/>Así como San Pablo tuvo su encuentro vital en el camino a Damasco, José Aldunate lo tuvo en el desierto de Atacama, en Calama. En 1973 aceptó la invitación de un cura holandés llamado Juan Caminada, para participar junto a otros religiosos en un mes de reflexión. El tema era la posibilidad de que sacerdotes participaran de la experiencia diaria que viven muchas personas, a saber, ser obreros. Para Caminada era necesario que un sacerdote conociera la realidad diaria de los obreros pues solo trabajando con ellos y viviendo en sus poblaciones se podría conocer la Iglesia del pueblo. José Aldunate vive el golpe militar trabajando como obrero en una construcción en Concepción. Luego se traslada a Santiago donde continuó como cura obrero en en una población en Cerrillos, donde vivió junto al jesuita Ignacio Vergara y en la población El Montijo de Pudahuel.<lb/>En los días grises de la represión dictatorial, José Aldunate participó junto con otros curas ayudando a personas a ingresar como asilados a las embajadas. También acompañó a los familiares de los detenidos desaparecidos en sus intentos por conocer el paradero de sus seres queridos. Tiempo después, junto a un grupo de laicos, formó el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. El objetivo del grupo, cuyo nombre honraba a un padre que se inmoló por la desesperación  de no encontrar a sus hijos, fue manifestarse pública y pacíficamente contra la tortura, con el fin de acabar con su práctica.<lb/>Su experiencia como observador de la represión militar y su conocimiento de los testimonios de violaciones a los derechos humanos, lo condujeron a formar junto con otros cristianos una publicación clandestina cuyo título fue “No Podemos Callar”. Su objetivo era dar a conocer y reflexionar sobre las realidades silenciadas durante el régimen militar. Es por ello que en sus páginas encontramos junto con textos que denunciaban desapariciones y torturas, otros donde se analizaban los derroteros de la situación nacional. Por razones de seguridad, el año 1981 la publicación cambia de nombre, pasando a denominarse “Policarpo”.<lb/>En paralelo a su activismo político, el padre Aldunate escribió textos sobre teología, moral y derechos humanos. Luego del regreso de la democracia, el Padre Aldunate continuó escribiendo columnas de opinión en el diario La Nación y acompañando a agrupaciones de derechos humanos, además de participar en la recuperación del sitio de Memoria de Villa Grimaldi.<lb/>Producto de sus múltiples acciones por los derechos humanos, en el año 2006 fue reconocido con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos. El 28 de septiembre del 2019 falleció los 102 años.</p>
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              <p>Editorial: Navidad y la CEPAL.</p>
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              <subject>Política económica</subject>
              <subject>Desarrollo económico y social</subject>
              <subject>Desigualdad económica</subject>
              <subject>Distribución del ingreso</subject>
              <subject>Pobreza</subject>
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